Richard Coleman: entrevista realizada el 15 de noviembre de 2017 – Ciudad Autónoma De Buenos Aires

Richard Coleman nació en la Capital Federal el 1° de abril de 1963. Es, desde los inicios de la década de 1980, un referente total gracias a su filosa guitarra y sus canciones para bandas notables como Fricción y Los 7 Delfines. Richard no solo es reconocido por sus bandas del pasado o por su participación crucial en el inicio de la historia de una banda llamada Soda Stereo, sino que además disfruta –y nos hace disfrutar– de una vigorosa y muy actual carrera solista.

Buenos Aires te vio nacer y la primera pregunta que me surge debido fundamentalmente al tema que nos ocupa es cómo te marcó musicalmente la ciudad–si bien de chico viviste en Venezuela varios años-. Porque vos tuviste un sacudón musical cuando viajaste a Europa por primera vez, pero en cuanto a nuestro Buenos Aires Querido… ¿Te marcó la gente, la movida musical de tus comienzos, el tango, el fútbol, el barrio, todo? ¿Cómo creés que afectó la ciudad a tu manera de encarar la música?

Claro, sí. Mirá, es raro cómo te influye la ciudad, porque la ciudad lo primero que hace es envolverte. El contexto urbano te lleva a un lugar sonoro más allá de la raíz musical-cultural de una ciudad, porque sino estaría muy influído por el tango y eso no ha sucedido, al contrario. Y en mi niñez alterné bastante entre lo que era la vida en la ciudad y mis vacaciones en el campo o a una ciudad mucho más pequeña en la provincia de Córdoba. Para decirlo de una manera, era una vida más de campo. Entonces aflojaba la presión urbana. De cualquier manera, la forma de llegar a mí la música, de sentir su influencia, es por lo que se escuchaba en mi casa. Porque en mi casa había tocadiscos y era una máquina muy interesante, me gustaba el objeto al cual había que ponerle otro objeto, o sea, los discos. Ahí empieza la secuencia o en qué momento podía yo tener mis propios discos para poner en esa máquina, digamos. Los discos de mis viejos no los podía tocar, tenía que pedir permiso…

¿Qué escuchaban ellos?

Y, mis viejos escuchaban mucho Matt Monro, Nat King Cole, un poco de Ray Conniff, esa música americana de los años ’60, agradable… no se escuchaba ni tango, ni folklore… mi viejo era un consumidor de música más bien anglo, ¿viste? Eso fue la primera música a la que accedí a través de ese tocadiscos.

Hasta que llegaron tus discos…

Hasta que llegaron mis discos, sí. Y llegaron por un tema de colección, los discos que podía conseguirme yo, y los más baratos, con la platita que me daban mis viejos (risas).

¿Cuál fue el primero que te compraste, te acordás?

Lo primero, cuando empecé a coleccionar discos fueron The Beatles y The Carpenters.

Mucha melodía…

Mucha. Y ya después en la secundaria, con el proceso de la presión de integrarse, me llevó directo al Rock. Con variantes que iban desde Deep Purple y el rock un poquito más pesado. De ahí me podía apartar del grupo de pibes con los que podía escuchar y lo que podía elegir yo mismo y me volqué más hacia el Rock Sinfónico que devino en todo un caos cuando encontré el primer disco de David Bowie (risas). Eso fue en el año 79, cuando escuché “Heroes”.

En medio de la etapa más experimental de Bowie…

Yo creo que sí. Y yo lo compré porque allí tocaban Robert Fripp que venía de King Crimson –que era lo que a mí me gustaba– y Brian Eno, que también me interesaba. Volviendo, la ciudad influía, o en esos momentos en la Argentina lo que influía era esa carga de identificación cultural que uno tiene en la adolescencia, buscar estar en un grupo que sea distinto, ser diferente, y por ahí lo único que había en 1977 era eso, el Rock y el Fútbol.

Tampoco entonces teníamos muchas libertades…

No había libertades, claro, claro, y yo con el fútbol nunca me llevé bien así que le puse todo al rock. Era todo lo que había entonces para un pibe… Por eso no puedo definir cómo me influenció la ciudad… Yo nunca fui un chico “barrial”, al que el barrio lo influenciara. Mi grupo de amigos estaba en el colegio y no en la calle.

Quizá te marcó más tu primer viaje a Europa, ¿no?

Claro, todo te va marcando. Ese viaje a Europa que hice en 1981 a los 18 años fue inciático, fue una impronta cultural en mí a todo nivel, y ahí entendí el concepto de libertad que nosotros aún no teníamos (Nota: la Argentina vivió una feroz dictadura militar entre 1976 y 1983). Y uno no sabe lo que se pierde hasta que lo ve. Te vas a reír, pero mi primer shock fue salir del aeropuerto y ver un cartel de publicidad callejero enorme, una gigantografía del disco de The Police, Ghost In The Machine que acababa de salir. Nunca habia visto un cartel así de Rock, tan lindo, tan grande, tan comercial digamos (risas)… Fue como ver La Piedad de Michelángelo… las dos cosas que me emocionaron en Europa (risas). Eso fue una impresión muy fuerte y ahí me empezó a “pegar” el ambiente. Entonces escuchaba música en la calle, habia mucha más diversidad de gente que acá. Aquí eras rockero o cheto y paremos ahí. No había lugar para gustos, opciones o looks. En definitiva: conocí gente, me recomendaron a The Clash y me pasé el viaje escuchando el cassette de London Calling. Empecé a ir a lugares alternativos. Entonces España estaba en pleno destape, empecé a ver bandas allá así que… fue un viaje de dos meses largos que aproveché muchísimo. Así que cuando volví a Buenos Aires lo hice cargado de una información que no estaba dispuesto a no aprovechar. Así que empecé a vestirme más cómo tenía más ganas, a marcar un cambio, marcar mi personalidad en la calle…. Entonces la ciudad se me puso más arisca, empecé a ir muy seguido preso por mi aspecto, ese tipo de cosas que eran habituales, y eso lo único que hizo fue que cada vez más quisiera diferenciarme del resto. Así la ciudad me fue marcando de esa manera, por contraste.

Observando el contraste, tuviste una opción

¡Claro! Porque después el sonido, cómo evolucionó en los ‘70s, estaba el Rock Nacional “mainstream” que estaba bien, era lo que uno escuchaba y estaba Serú Girán, o escuchabas Spinetta Jade. A mí me gustaba un poco de las dos cosas, pero lo que estaba saliendo muy a prinicipio de los 80 era toda una movida ponele, de canto urbano y que se la llamaba de distintas maneras como para darle un aire distinto al rock; la canción urbana que a mí no me gustaba, no me interesaba nada y que tiene que ver con la tradición del cantautor y le cantaban a cosas que pasaban en la ciudad. Había una banda que se llamaba Canturbe, justamente. Otro músico que se llamaba Lalo de los Santos. Músicos de los que, más allá de evaluar su capacidad artística, yo no me identificaba para nada. Y sí me identificaba lo foráneo.

Bueno, eso fue en el año 1980, 1981 y en el 82 pasó algo terrible, que fue la Guerra de Las Malvinas. En los años 80 se produjo una nueva explosión musical en la escena del Rock de Argentina debido a que por la guerra casi no hubo difusión de música anglosajona durante un período de tiempo que sin duda contribuyó a esa explosión. Sos un claro emblema de la música argentina surgida de esa década y de hecho tu carrera empezó más o menos en ese mismo 1982 por lo que se disparan varias preguntas: ¿desde el punto de vista personal, esa tragedia y el posterior bloqueo de música inglesa te ayudó a abrirte puertas o pensás que tu propia búsqueda te iba a dar éxito por decantación?

Es difícil la reflexión, porque en realidad lo que ayudó más a mi generación a que despegue fue la Democracia y la posibilidad de expresarse. Porque según mi análisis después de haber pensado en el fenómeno y con la ayuda de la perspectiva, creo que lo que sucedió con la prohibición de la música anglo y el auge del Rock Nacional puntualmente en el año 1982 tiene más que ver con una necesidad comercial e industrial que con otra cosa. Fueron varios factores que estuvieron funcionando. De hecho, al prohibirse en los medios la música inglesa, se empieza a pasar más la música nacional pero, ¿y porqué se pasa rock? Porque la estructura de los medios tiene que mantener el espíritu de la juventud.

Lo que consumían los chicos.

Claro, lo que compraban los chicos. Y eran los chicos a los que se estaba mandando al muere. Entonces se los hacía entrar en base a esa movida, a los chicos, pero no había tanto contenido con el cual los jóvenes se podían identificar. Se agotaba, era todo una revisión del rock de los 70 que venía de atrás lo que empezaban a pasar por las radios. Folklore había para tirar para arriba pero cuando se quería pasar música nueva no había tanta. Y la industria empezó a salir a buscar bandas nuevas porque las necesitaban para grabar y porque era el momento para vender. Para llenar los medios, las radios y había que sacar discos de rock para vender. ¿Pero qué pasa? Lo que ya estaba armado y funcionando y que solo necesitaba un golpe de cocción y metérselo a la gente fue la Trova Rosarina. La Generación del 63 de Rosario ya tenía armado un grupo contracultural… que se identificaba con una parte de la juventud, pero había otra parte de la juventud que no…

Baglietto, Páez…

Claro, todo eso estaba bien pero era…

No era lo tuyo.

No era lo mío, no era lo de nadie porque era viejo realmente. Digamos, hablando estética y musicalmente no era nuevo, pero eran jóvenes. Eran jóvenes viejos. Y eso era el boom de la Trova Rosarina. Después, había bandas como Virus y Los Abuelos (De La Nada), que estaban ahí, pero no eran bien recibidas por los jóvenes en los festivales.

Claro, y en realidad Los Abuelos vienen desde los 60, más allá de su reinvención de los 80…

Claro, pero no eran bandas nuevas, eran tipos grandes haciendo otra música. Federico (Moura) era un tipo grande, los Virus ya eran grandes, no eran pendejos haciendo música, hacían una nueva música. Era el caso inverso a la Trova, ¿te das cuenta? Pero cuando sale la industria a buscar grupos nuevos se encuentran con que había una zona de Rock divertido, moderno, que podía ser frívolo y sin compromiso que era lo que necesitaban justamente, ¡porque tampoco podían salir a poner a Los Violadores! (risas) ¡Nooo! Que eso era lo que había…y eso culturalmente estaba funcionando.

Bueno, pero vos sabés que sí, encima yo recuerdo que justo en esa época estaba operado de mi rodilla, con yeso y todo en la cama y te pasaban a cada rato en la radio la canción Era En Abril (Nota: grabada y cantada por Juan Carlos Baglietto) y…

¡… y era para pegarse un tiro! (risas) ¡Pero eso era lo que había! ¿Te das cuenta? ¡Así estábamos!

Un bajón en ese contexto… (Nota: la canción relata el dolor de una pareja por la muerte de su bebé)

(Risas) Pero claro, nos convirtieron para el otro lado… Entonces por eso te digo, con lo de la guerra y relacionado al rock es muy raro lo que pasó, se estimuló a la industria con tener un producto nuevo para vender y en ese punto empieza la nueva del rock cuando empiezan a escarbar y aparece el underground. Escarbaron y bajo tierra encontraron una serie de bandas y el mensaje estaba vilmente metido también porque cuando aparecieron Los Twist, que eran un grupo completamente contracultural, les daban con un palo desde el sistema con todo lo que se podía. Pero… como era “twist”…

Pasaba desapercibido…

Exacto, nunca entendieron nada. Y Soda, ponele, el primer disco de Soda Stereo era bastante frívolo y pelotudo en muchos aspectos pero era parte de la movida de Gustavo (Cerati) porque por un lado aparecía Dietético, que era una canción híper frívola pero que en el final te decía que “el régimen se acabó” y ese es el leitmotiv de la canción. Esa fue una jugada de Gustavo como para marcar una diferencia y que en un contexto completamente frívolo se podía mandar un mensaje y prevenir el futuro sabiendo que se estaba marcando un cambio. Cambio que se fue marcando en el primer lustro de los 80s.

Ahí es cuando apareceés vos con Fricción. Con Fricción debutaron en el Stud Free Pub, ¿correcto? ¿El que estaba frente al túnel de Libertador? Y allí fue la primera vez que cantaste Héroes en vivo, ¿no?

¿Con gente? ¡Si! (risas) Totalmente, fue allí, en el 85.

¿Viste lo que hay ahora donde estaba el Free Pub? Tremendo edificio de departamentos…

Sí, sí, sí… un edificio, totalmente…

En mis recorridas durante la investigación y fotografía para el libro me he encontrado con varios de esos lugares totalmente cambiados

Es que tiran todo…

En esos años 80s Buenos Aires implotó de clubes under que cobijaban a bandas notables. El Stud, Zero Bar, el Café Einstein, Palladium, La Esquina del Sol, por supuesto Cemento… tendrás unos cuantos recuerdos de esa época, esa movida. Anécdotas… ¿qué nos podés contar –de lo apto para todo público– de los recorridos por el circuito under? ¿Qué banda que tocaba en esos escenarios de tres metros por tres metros te partió la cabeza y le auguraste fama total? y ¿qué fue lo más bizarro que presenciaste –sea musical o no–?

Mirá, hay un montón de cositas que suceden además de ver bandas. Hay momentos que son dignos de rescatar y no se porqué se me cruzó recién cuando me dabas las lista de lugares para tocar, la primera vez que fui al Einstein –que fui a ver porque allí todos éramos público y artistas (risas)– porque era lo que había, era nuestro lugar donde estar, donde uno podía ver y ser visto, yo lo digo en una canción: ibas con un equipo de sombras, era la ropa que te ponías. En realidad era pasar desapercibido pero a la vez estar en el lugar donde ver y ser visto. En esos lugares pelabas tu tendencia, tu carácter, tu identificación. Yo tenia una remera muy linda de los Stray Cats, preciosa, con el logo de ellos y las caritas de los gatos (risas)…

y que obviamente habrías traído de afuera…

¡Obviamente, la traje de afuera! Acá no habia nada, yo de Stray Cats tenía un single que era de papel, de esos que venían en revistas…

¡Un flexi disc!

¡Eso, un flexi disc! (risas) Me había comprado muchas de esas revistas en Europa. Y bueno, me encantaban The Stray Cats, me encantaba mi remera y era mi look, ¿no? Y la primera vez que fui al Einstein tocaban Los Twist y estaba acodado en la barra y se me acerca un flaco con un jopo tremendo y me dice “¡¿Te gustan los Stray Cats?!”. Le digo “Sí, ¿vos los conocés?” “Pero claro, yo tengo una banda y hacemos rockabilly”. Y sí, también tocaba posta. Se llamaba Pablo Carmona (bajista de Los Casanovas). Y me estuvo hablando toda la noche de rockabilly, ¡y yo no quería hablar toda la noche de rockabilly! (risas). Pero de alguna manera había establecido un contacto y de eso se trataba lo de la recorrida por los bares. Porque no es que íbamos a un solo bar, sino que íbamos de uno a otro en la misma noche. Estábamos un rato en cada uno. Y así ibas tendiendo la red. El anti Facebook (risas), la red se iba tendiendo a mano. Así nos fuimos conociendo todos. Y había algunos bares que duraban apenas dos semanas y se cerraban. Era increíble, hacían dos shows y se los clausuraban porque no tenían habilitación.

Eso de la vida breve de los locales pasó hasta con La Cueva de Pueyrredón de finales de los 60’s, se la pasaban haciéndoles razzias buscando cosas raras solo porque iba gente de pelo largo y a pesar de su importancia para el Rock, apenas duró un par de años.

Claro, pasaba eso. Pero acá ya estaba como más avanzado, porque esto era digamos, en 1983, ya con la Democracia casi de regreso. Pero lo de las razzias acá pasaba más por narco, digamos que eran los “canas” de civil que se mezclaban con la gente y uno no estaba necesariamente en la “pesada” pero igual tenías que estar prevenido porque si bien estaban disfrazados, los veías. No era que pasaban desapercibidos (risas)

Se lookeaban…

Claro, se lookeaban y te dabas cuenta que era un cana disfrazado. Pero te decía, la primera vez que vi a Los Twist era un evento… era un evento cultural, donde todos estábamos del lado de ellos. Los pibes habían salido con sacos amarillos. El amarillo es el color de la “mala suerte”. Y los tipos habían salido todo de amarillo, a Pipo (Cipollati) le faltaba un diente…

El antihéroe…

El antihéroe total y cantando esas canciones contra todo el régimen, toda la movida ésta. A Sumo lo vi dos veces de esta manera. Una vez en un bar muy chiquitito en la avenida Scalabrini Ortiz. Otra vez en un bar de un primer piso que había en la Avenida Las Heras y que fue uno de los mejores shows de Sumo que vi. Era un Sumo muy primitivo todavía: estaba Stephanie (Nuttal) en la batería, no estaban ni Mollo (Ricardo) ni Arnedo (Diego) y Luca tenía su delay en una silla con una proyección de diapositivas con aceite, era una cosa…

Como en el Ufo de Londres con Floyd (risas)

¡Jajajaj, claro, tal cual!

Luca estaba más allá de todo…

Estaba más allá de todo, sí. Y ver eso era realmente muy bueno porque era contracultural, genial. Y después ibas siguiendo a esas bandas que cada vez iban tocando en lugares más lindos. Los ví en Zero Bar también un par de veces…

Zero, casi frente al Jardín Botánico.

Sí, casi Avenida Las Heras hasta que luego remontaron. Y en el Zero también vi varias bandas que no llegaron a mucho más. Me acuerdo de una que se llamaba Radiocity que hacían un rock moderno, aunque seguía siendo un rock de garage. Rock and Roll con solos de guitarras pero no era new wave.

Rock más bien clásico

Eran más clásicos. Había bandas de chicas también, estaba Diana Nylon que era como nuestra Nina Hagen, ponele. Iba a por todo. Iba vestida provocativamente, puteaba en el escenario, su banda hacía un punk con el que le daban para adelante. Pero eso se iba moviendo, después las bandas llegaban a mainstream y ese under se pierde.

Bueno, pero ya se había puesto la semilla, ¿no? Y hablando de eso, tus inicios destacan por tu participación en Fricción y tu relación con Soda. En algún punto se mezclan y en ambos tuvo mucho que ver Gustavo Cerati, claro. Pero si bien lo habrás contado infinidad de veces, hay mucha gente que todavía no sabe que si hay alguien a quién culpar –o agradecer, mejor dicho– de que fueran ese trío fantástico es a vos, que te negaste a formar parte de Soda-Cuarteto sabiendo que como estaban ya eran una cosa tremenda.

Sí, lo conté muchas veces pero voy a hacer una excepción y te lo voy a contar de una manera más si se quiere, lineal. El tema es así: no es que nos conocíamos todos los que en ese momento estábamos haciendo música, pero había algunos hilos conductores entre varios. Y uno de esos era Daniel Melero. Daniel era un “músico-no músico” que vivía en Flores.

Y que fue uno de los primeros en acercarte a vos y estar en Fricción

Sí, incluso de antes. A Daniel lo conocí en el año 82 cuando yo necesitaba conocer músicos para compartir minutos musicales, o sea, a ese nivel venía la cosa. ¡Yo no tenía con quién escuchar musica, compartir, cambiar discos! Hablar de la música que escuchaba, porque una vez que había terminado el colegio y vuelto de Europa yo tenía la mente en otra cosa. Necesitaba conocer gente nueva y así me conecté con Melero, con quién establecimos una muy buena relación musical y social. Daniel era muy sociable y se le acercaba mucha gente. Él tenía una especie de estudio de grabación modesto pero funcional, y todos los días estaba allí grabando, en su laboratorio, tenía muchos sintetizadores, cosa que no era muy habitual.

Era un extraterrestre para la época aquí…

¡Claro! Era un extraterrestre. Tal cual. Sin él saberlo, ya era un productor y se perfilaba ya entonces para ser uno de los muy buenos. En fin, yo no se cómo llegó a conocer a los chicos de Soda, y en el 82 ésta era una banda que todavía no había salido a tocar en vivo, nunca. Porque justamente eran un trío y lo que buscaban–o mejor dicho, lo que Gustavo decía– era que necesitaba que sonaran más cosas, que le parecía que con el sonido sólo de su guitarra no alcanzaba. No podía abarcar todo…

No alcanzaba para todo lo que tenía en la cabeza…

¡Claro (risas)! ¡Todo eso que tenía en la cabeza! ¡Él tenía otras cosas pero nadie sabía lo que tenía (más risas), lo sabía solo él! Y de alguna manera había armado esta agrupación tan cohesionada, con una base rítimica muy fuerte, que tocaban como si fuera una sola pieza. Y venían probando músicos para ser un cuarteto y salir a tocar en vivo con el nombre de Soda Stereo, que ya lo tenían elegido. Salir a tocar. Y se les venía postergando el asunto porque no encontraban al cuarto intergrante. Y al último que probaron fue a mí. Me llamaron por recomendación de Daniel Melero y de otro guitarrista que había sido profesor mío llamado Eduardo Rogatti, que era un poco más grande pero muy buen guitarrista. Muy moderno él, también. Y él les dijo que todo estaba muy bueno pero que no era para él, pero que tenía un guitarrista que les podía servir y me recomendó a mí. Melero también, y me llamaron. Estuve con ellos ensayando aproximadamente, yo creo que cuatro meses. Bien, eh. Habíamos ensayado un repertorio muy consistente.

Allí en la casa de Charly Alberti en el “Barrio River”

Sí, en la esquina, en Victorino de la Plaza. Pero había algo que no me cerraba, yo sentía que mis canciones las tocaba con ellos, no era que tocábamos los cuatro juntos, y que yo tocaba sus canciones. Con ellos. Era como que yo me agregaba a lo que ya tenían armado. No había un juego realmente abierto; ellos sonaban tan bien juntos tocando y yo estaba como en una quesera, al lado tocando. Ví que eso no evolucionaba, que no se amalgamaba hasta que un día les dije: “mirá, me parece que ustedes ya tienen que salir de trío, suenan muy bien juntos. Son una unidad, yo no siento que me pueda integrar y prefiero decirles esto ahora antes que la cosa se proyecte. Creo que son muy buenos y una vez que empiecen no van a parar.”

Algo muy noble de tu parte, la verdad.

Qué se yo, idealista también. Yo sabía que iba a ser para problemas. Eso seguro.

¿Te arrepentiste alguna vez de haberle dicho que no a Soda?

No. No, no, para nada. Yo hice mi camino, no, no. Hubiera sido,… nos hubiéramos peleado. O hubiera sacrificado algún ideal mío a los 19 años, ¿para qué? ¿Con qué necesidad? Ahí era el momento de seguir con lo de uno. Y a raíz de eso creo que me hice amigo de Gustavo. Porque a partir de ahí empezamos a vernos fuera, a charlar de música, de chicas y así se fortacleció la amistad. Justamente, no me arrepiento. ¿Cómo me voy a arrepentir si justamente a partir de esa decisión se comenzó a forjar nuestra gran amistad?

Gran historia. Avanzamos: para el debut con Los 7 Delfines grabaste un cover incandescente – ¿te suena Incandescente?– (Una referencia a su disco solista de 2013)…

Jejeje, me suena.

… de Post Crucifixion. Todo el catálogo de Pescado Rabioso –los creadores de ese tema– se grabó en los estudios Phonalex de Belgrano. También hay, hoy por hoy, un complejo de edificios, dicho sea de paso. ¿Tenés algún estudio favorito en la Ciudad de Buenos Aires? ¿Tu Phonalex, tu Abbey Road?

Y mirá, lo que pasa es que hay cosas distintas. En ese sentido, mi casa es Estudio El Pie que queda acá a una cuadra (Quesada 5137, Ciudad de Buenos Aires)… Me ha pasado más de una vez de llegar a la puerta y de buscar las llaves para abrir (risas) y me cago de risa cuando entro y le digo al chico que me abre…

¡Me cambiaste la cerradura!

Tal cual, ¡jajajajaja! Pero si yo vi hasta cuando lo construyeron. Cuando me mudé por acá, allí había un pozo de obra y me preguntaba qué iban a construir ahí. ¡No podía creer que me pusieron un estudio de grabación a casi una cuadra de mi casa! ¡Qué grosos, “ojalá pueda grabar una vez allí”! Hace 27 años de esto. El estudio está muy bien equipado y me siento muy cómodo.

Es como el patio trasero de tu casa…

Claro. Es un lugar que si lo necesito sé que lo tengo, lo reservo, tengo la mejor onda. Y después de ese, el “Abbey Road” para mi es Ion Estudios. No sé si en la parte técnica, en la parte de “fierros” se actualizaron, pero la sala de grabación es hermosa, tiene “mojo” como le dicen. Está “invadido” de experiencias de grabación, allí grabaron desde Piazzolla hasta Intoxicados.

Es impresionante el listado de artistas que lo usaron.

Y eso es muy bueno para un estudio y está construído de acuerdo a las normas clásicas de estudios de grabación. Después hay otros muy modernos y en todos tengo alguna anécdota.

Vuelvo a los Los 7 Delfines. L7D tenían por momentos esa cosa Joy Division con tu impronta melódica muy marcada, pero también tu distorsión, y el libro que sigue a este de Buenos Aires en la Colección Rock Is Here es el de Manchester. Cuando conocés Macclesfield –barrio de la perisferia de Manchester y lugar de los Joy y donde vivía y murió Ian Curtis– entendés el porqué de esa música oscura, apabullante, casi opresiva, sobre todo si la pensás en “modo invierno”, lluvia, frío y ese ambiente. Tu tema Musgo Sobre Oro, sobre todo en su inicio, me remite a esa banda. ¿Tu música entonces representaba un estado de ánimo o era una influencia pura que querías desarrollar y gozar a la vez de darle un sonido original? ¿O era pura melancolía porteña? (risas)

Yo creo que como siempre, ha sido por contraste. Porque cuando armamos Los 7 Delfines con Gamexane (Horacio Villafañe) veníamos los dos de lugares distintos. Quiero decir, el venía de Todos Tus Muertos y yo de Fricción, que eran dos bandas como “complementarias”, no hacíamos los dos lo mismo, no teníamos el mismo estilo. Pero sin embargo en algunas influencias sí convergíamos. Pero lo que pasó fundamentalmente cuando gestamos todo el proyecto de L7D, fue que en ese verano de prinicipios de los ‘90s, de alguna manera devino muy fuerte la música electrónica, pero la electrónica que no estaba buena. Porque la electrónica que veníamos escuchando era Violator de Depeche o la Yellow Magic Orchestra, esa estaba buena, pero esa cosa más europea de la electrónica nueva no lo estaba tanto. Y eso de alguna manera decretaba el fin del Rock. Este “final” algo tenía de razón y es que el rock se estaba transformando en algo casi de consumo y de puro entretenimimento por primera vez, a lo que el rockero se tuvo que convencer que eso es así y que no siempre lo suyo es contracultural y una respuesta al entorno, sino que te tenés que acomodar. Dentro del entretenimiento tenes que hacer tu bajadita de línea, ponele. Entonces, “el rock ha muerto” y en la radio se escucha música electrónica, unos raps horrendos, y la lambada…

¡La lambada! ¡Mi mente la había deleteado!

(Risas) ¡La lambada, un infierno! ¿Te das cuenta? Fue como el “Despacito” de este año ¡pero peor! Porque era la primera vez que había algo así. Y estábamos con el “Negro” que nos queríamos pegar un tiro, no habia música, la gente no consumia el rock tampoco. Era el fin de los 80s, y estábamos gestando una cosa nueva. Así que lo que hicimos fue agarrar las guitarras y hacer música de guitarras, vamos a hacer rock de nuevo, y vamos a hacer todo lo que se pueda hacer con las guitarras… Y éramos oscuros, los dos lo éramos, porque era nuestra visión del mundo también. Tenía que ver con el ángulo desde donde veíamos las cosas. Así que sí, yo creo que el primer disco de Los 7 Delfines tiene mucho de oscuridad, no está provocada sino que fue nuestra reacción natural a lo que nos estaba invadiendo.

No por casualidad ese primer disco salió en 1992, justo el año de Dynamo de Soda Stereo. Ambos se grabaron en el Estudio Supersónico de Soda.

Claro, claro.

Aquí viene mi pregunta que tiene que ver con lo que te comentaba antes de los estudios. Dos discos tremendos, rockeros, con distorsión… grabados casi a la vez y en el mismo sitio. ¿Se “espiaban” o era semi comunitario y cooperativo como en la época de La Cueva y La Perla Del Once (risas)?

Pero en realidad Soda lo grabó después. Gustavo produjo nuestro disco. Si bien salieron el mismo año, L7D lo grabamos antes, con Gus. Él hizo algunos experimentos con nosotros, fuimos conejitos de la India (risas). Hay un tema que se llama “Ni Una Vez Más” que es la primera vez que nos metemos en el terreno de, ponele, My Bloody Valentine, ese tipo de sonido donde dijimos, “bueno, vamos a experimentar con esto”.

Entonces Los 7 Delfines lo grabaron un poco antes…

Sí, y cuando salió Dynamo me dije “¡qué hijo de puta…!” (risas)

Me encanta Dynamo, quizá mi favorito de Soda

Sí, sí.

Se da eso ¿o no? El otro día recordaba que mientras en el estudio Sarm West que Led Zeppelin usó para grabar parte de su 4to disco, al lado estaba Jethro Tull grabando Aqualung, o cuando los Beatles grababan en Abbey Road Sgt Pepper al lado estaba Pink Floyd registrando su debut –salvando las distancias entre ambos discos, claro–. Pero como que las bandas de alguna manera se potencian a veces, se influyen estando tan cerca ¿Pensás igual o es pura casualidad?

Y eso pasa… “¡Estamos separados por una pared!” (risas)

O sea que Gustavo te “choreó” para hacer Dynamo (risas). ¡A vos te parece!

No, no fue eso… si le salía, lo iba a hacer, ¡jajajaj!

Claro, ¡y le salió! Le salió por dos… ¡Dos discazos!

Le salió doble, sí. Discazos.

La primera vez que te entrevisté fue en tu casa y Gus estaba vivo, si bien ya con el accidente cerebrovascular. Hoy él ya no está. Sé que el duelo lo pudiste hacer, pero quiero hacerte unas preguntas con respecto al disco/gira Ahí Vamos de Cerati donde vos fuiste un apoyo especial, como tantas veces en su relación, en la que hubo en realidad un apoyo mutuo tantas veces. Como mi favorito de Soda que es Dynamo, también amo este disco solista que también es super rockero. En él Gus salió del sonido Siempre es Hoy, más pop. Y vos co-compusiste varias canciones con él en esa época (Caravana, Jugo de Luna, etc). Esa impronta, ese inflador rockero para ese álbum ¿se lo diste vos o Gus ya venía seteado para ese cambio?

Yo creo que él ya estaba seteado pero el que nos encontráramos en ese momento lo terminó de envalentonar y decidir a pegar el volantazo. Porque yo estuve con él desde las primeras reuniones del proyecto, cuando estaba convocando al primer grupo de músicos con los que iba a trabajar. Pero las canciones las tenía armadas, no sabía bien cómo… Yo no sabría decirte hasta qué punto influí musicalmente, realmente. Pero sí sé que estando ahí, la definición del proyecto, lo de banda y de rock estando yo allí, a él le daba seguridad, que lo iba a poder realizar y que lo iba a poder hacer en vivo, también. Que no iba a estar de nuevo él solo con la guitarra. De esto estoy seguro; él quería hacer un disco muy distinto al anterior y quería vovler a tocar más la guitarra. Eso sí. Y que yo estuviera ahí como que lo animó a que hicíeramos algo más rockero, más grande.

Hasta la versión que hacían de Prófugos (tema de Soda Stereo) es mucho más rockera. Impresionante.

En vivo, sí. Pero más que nada me refiero a la etapa de grabación del álbum de estudio Ahí Vamos. Nooo, después cuando salimos a tocar no quedó nada. La pasamos tan bien en el escenario y siempre agregábamos un tema a la lista, lo versionábamos y cada vez salía mejor que antes. Reversionamos Prófugos e hicimos más de 70 shows y hasta el último día sacábamos temas viejos de Soda o de Gustavo y los versionábamos o algún cover, como para mover un poquito el juego y no hacer siempre lo mismo. Y sí, comparto, la versión de Prófugos era increíble.

Para terminar y debido a la temática de este libro te quiero pregunrtar: ¿Cuáles son para vos los LUGARES HISTÓRICOS DEL ROCK EN BS AS que un turista rockero no debiera perderse? Aunque algunos ya no existan como cuando estaban en su apogeo,pero he rescatado para el libro muchos sitios donde al menos –como cuando hablábamos del Stud Free Pub– hay algo construído en el mismo lugar que sirva como referencia para la gente diga “ ¡mirá lo que pasó aca”!

Y sí, es difíicil eso. Pero está bueno porque recién me mencionabas el estudio Supersónico (estudio de Soda Stereo). ¿Conocés dónde es la esquina, que lo demolieron?

Sí, en la calle Rómulo Naón

Hay un jardín.

Sí, destaca una pared cubierta de una especie de hiedra.

Claro, donde está el patio, ahí estaba el estudio. Ese es un lindo lugar. El estudio Panda, ahí se grabó muchísimo del Rock Nacional Argentino. El Zero Bar atrás del Jardín Botánico, ¡tendría que hacer una listita! La memoria es traicionera. El estudio de Spinetta, La Diosa Salvaje. Urquiza tiene lindos lugares, estudios como Melopea, La Diosa Salvaje, El Pie, que te contaba antes.

Mil Gracias, Richard.

Por nada.

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