Primera parte de tres del inicio de los festejos por el 50 aniversario del lanzamiento del disco Abbey Road.

Segunda parte, el disco. Tercera parte: Abbey Road por dentro.

Ayer 8 de agosto desde las 11am, estuvimos en el cruce de calles más famoso del mundo, ese donde se sacó la foto más recreada en la historia del Rock, para una de las tapas (por lo menos, una de las tres) más recordables de la historia de la música.

Mucho, ¿no?

Me quedo corto: lo que ayer se vivió en Abbey Road fue de una locura y belleza lindantes con lo bizarro. La mezcla de pasión, emoción y felicidad en una Torre de Babel turística, con vehículos intentando pasar con mucha paciencia por un sitio cubierto por centenares de personas -¿habría más de mil a lo largo de toda la calle?, seguro a lo largo del día- muchas disfrazadas de Beatles, otras formando bandas cantando los temas del cuarteto, otras con carteles con títulos de sus canciones en pancartas refrendando la unidad europea tan pedida por la mayoría de los ingleses (seamos claros, el grueso no quiere el Brexit, el tema es que muchos no se molestaron para votar un referéndum). Todas esas personas estaban vibrando con el 50 aniversario de la toma de aquella foto en una fiesta inolvidable.

El Rolls Royce que llevó al “Lennon” inglés. Más tarde llegaría como invitado de Rock Is Here el argentino, Javier Parisi y generaría una revolución

Y a las 11:35, justo 50 años después del famoso click de Ian Macmillan hacia The Beatles, en la esquina de los Estudios EMI donde crearon la mayoría de sus eternidades musicales, una copia física de John, Paul, George y Ringo se dispuso a imitar el cruce de vereda a vereda y un remolino de gente, celulares y cámaras cayó sobre ellos.

Aquel lejano/cercanísimo 8 de agosto de 1969, de apenas 10 minutos y 6 fotos para la cara del disco que le cambiaría el nombre incluso a los estudios donde los Fab 4 grabaron el mismo, era homenajeado más vibrantemente aún. ¿Porqué 6 fotos? Porque son las que sacó entonces Macmillan y de las cuales, la indudablemente mejor fue elegida por McCartney para engalanar esa tapa, sin título de álbum y sin nombre de banda.

Luego de un rato fuimos a un lugar que ya no está: el de la contratapa del disco. Como informaron en su libro The Beatles’ London los autores Piet Schreuders, Mark Lewisohn y Adam Smith, ese mismo día, Ian Macmillan buscó una foto extra para la parte trasera de la portada, un sitio que nombrara a a futura famosa calle, y lo encontró a la altura del cruce con Alexandra Road, casi 900 metros al norte de la esquina que utilizaron los Beatles.

Esa encrucijada ya no existe, muchos años después se construyeron viviendas y un parque (también llamado Alexandra Road), haciendo que dicha arteria quedara reducida casi a 500 metros de donde se cruzaba con la calle que alberga a los estudios y el sitio, irreconocible. ¿Y querés saber qué pasó con las letras? Se rescataron cuatro de las que formaban la palabra Abbey y se vendieron en subasta por bastante dinero. La palabra Beatles fue incluída en la post producción del estudio fotográfico seleccionando fotografías tomadas a letras de estas dos y otras calles del barrio.

Hasta última hora de ayer, Abbey Road fue el habitual pandemonium de todos los días del año, multiplicado por varios dígitos. Y nosotros teníamos un evento pendiente: íbamos a entrar al Estudio Número 2, ese que era la segunda casa de los cuatro muchachos nacidos en Liverpool, los más amados y famosos salidos de esa ciudad del norte de Inglaterra.

Lo más fuerte estaba por venir.

Marce Lamela

En breve, la segunda parte

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