Hace unos años escribí ésto. Hoy es un día donde me alegro haberlo escrito y haberlo vivido. Y haberlo modificado para esta fecha en la que hubiera cumplido 78 años si no fuera porque uno de los salames más importantes de la historia no lo hubiera asesinado.

De visita en lo de John

 En mayo del 2008, tuve la oportunidad de cumplir un sueño, que en una anterior visita a Liverpool no había podido cumplir y que luego pude repetir en el 2010, 2014 y 2017: ingresar en Mendips (la casa de Mimi, la tía de John Lennon donde éste vivía cuando los Beatles empezaron a explotar ante el mundo) y al nº 20 de Forthlin Road (la casa de Paul McCartney al mismo momento).

La primera vez que estuve en Liverpool (1994), pude recorrer el exterior de la casa de Paul, pero con respecto a Mendips, en Menlove Avenue, desde el micro del tour nos avisaron que no se podía descender a sacar fotos en su vereda, debido al celo de los dueños de casa, quienes no querían que los turistas perturbaran su paz.

(La tapa del single de Oasis “Live Forever” aparecido durante ese mismo año 94, la muestra desde el exterior y tomada desde la perspectiva que explico: como desde un micro, semi alejado).

Pero esta vez, el viaje fue completo.

Por suerte, el gobierno británico tiene desde siempre, una envidiable  política de respeto a quienes hicieron grande al Imperio, y hace unos cuantos años, primero la casa de Paul fue adquirida por The National Trust (una fracción estatal que se dedica a cuidar y preservar los edificios y sitios históricos de Gran Bretaña) y algo después, Yoko Ono decidió comprar la propiedad donde Lennon pasó su infancia y adolescencia, y donarla.

Y debo decir que, algo más fana de Paul que de John, inicialmente tenía más expectativas en la visita a su casa, que a la de Lennon. Y sea porque visité primero la de éste, o porque la psiquis (y/o el alma) percibió su fantasma, entrar y recorrer Mendips fue de una emoción que me sobrepasó.

La casa donde John compartió tantos años (desde los 5 hasta los 22) con su tía Mimi, por empezar, es una preciosura. Cómo explican los libros, está situada en una zona de clase media alta en Woolton, Liverpool Sur, un barrio por lo general de hermosas y anchas arterias como Menlove Avenue, y de extensos verdes parques típicamente ingleses.

Situada en el n° 251 de dicha avenida, y a pocos centenares de metros de Beaconsfield Road, donde se erige Strawberry Fields, se le dio un nombre porque en la época en que fue construida (década del 30) era costumbre entre la gente de cierto nivel socio-económico, darle un apodo a sus casas, para diferenciarlas y darles aires de importancia, algo así como un pseudo abolengo. En este caso, se la llamó Mendips, que de alguna manera evoca la campiña inglesa del noreste.

De más está decir que la vivienda está muy bien preservada y se la puede recorrer casi en su totalidad, a excepción de una zona pequeña donde tiene su habitación el guardián del inmueble, quién vive allí y, que por supuesto, es un experto en la vida de John Lennon.

Se ingresa por el costado izquierdo, y se llega a un jardín trasero que da al fondo de la casa donde vivió el prócer Beatle Ivan Vaughan (quién fuera el que presentó a John y Paul, nada menos), ya fallecido. 

En ese jardín, se hallaba el árbol en el que Lennon pasaría tantas horas soñando y dibujando y que se inmortalizó en la canción Strawberry Fields Forever (“No one I think is in my tree”).

Hoy hay árboles, pero no ESE árbol.

Desde ese precioso jardín, entonces, se ingresa al edificio, por lo que sería la cocina, para luego ir pasando a una pequeña sala de estar llamada The Morning Room, donde John hacía sus deberes y desayunaba.  Todo muy encajonadito, pero muy pituco.

 Por el mismo pasillo comunicador,  pasamos a un comedor y de ahí, siempre en la planta baja, al Lounge, o LA sala de estar…la que tantas veces viste en fotos, con Mimi sentada al lado de un televisor con la foto del John del 64 sobre él, la chimenea Art Deco y las repisas llenas de libros. Éste es el lugar donde Johnny solía escribir poesías y letras para sus canciones, y fue, misterios del alma, el sitio más movilizador del recorrido, quizá con una sola excepción.

En el lounge, y realmente no tengo explicación de porqué, la emoción fue apenas contenible. Aquí, cómo diría Liam Gallagher, sentí el fantasma de John.

Con varios elementos originales pertenecientes a la tía Mimi, el aire que se respira allí es distinto al resto de la casa, repito que con una salvedad, y que explico más adelante.

Contiguo al lounge, otra sala nos muestra varios recuerdos originales y algunas copias, de documentos de John, dibujos, utensillos, fotos, etc.

 La visita continúa por la planta alta, donde está la pequenísima habitación en la que dormía Lennon, la cual da al jardín del frente, y en la que,  por vía de un sistema de audio escondido, sonaban melodías de los Beatles del comienzo, y más allá, la habitación de sus tíos y el baño.

Es fácil imaginar allí a un John remoloneando, mientras el sol se metía tras escurrirse entre las hojas de los frondosos árboles de la avenida.

 Saliendo de esa pieza, enseguida está el baño, y acá un dato para los escatológicos: el inodoro es el original. También la jabonera.

 Bajando otra vez, vamos al frente, donde está, claro, el Porch de entrada, que habíamos dejado para el final. Por ese ingreso, tía Mimi NUNCA dejaba entrar a los amigos de John, sino que tenían que hacer nuestro mismo periplo.

Pero, en este petit porch, que tiene una acústica MUY especial, es el otro lugar donde mis piernitas temblaron: como Mimi no los dejaba practicar dentro de la casa, John y Paul ensayaban y se preparaban para sacudir al mundo, en este lugar. Un sitio, de ¿cuánto?¿Metro por metro y medio? No más.

 Ni te puedo contar, el eco que hay allí con la puerta cerrada. Baldosas bien Fifties negras y blancas, y vidrios artesanalmente decorados, mucha luz y una perceptible sensación de espiritualidad.

 Al igual que en la sala de estar de la casa de Paul, éste era el otro lugar donde la armonía Beatle se pulía y tomaba forma, cada uno con su guitarra, y donde las voces del dúo compositor perfecto, se fundían para dar origen a ese sonido tan familiar que conoceríamos más tarde, y que se completaría con el agregado de George Harrison: los coros Beatles.

 Tras las fotos de rigor en el jardín del frente (en el interior no se pueden sacar), nos preparábamos para ir con la combi para la casa de Macca, otro hito en mi vida Beatle.

 Mendips. Realmente se sienten vibraciones y no es porque abajo pase el subte.

 Fue una visita de esas que no podés olvidar jamás, ni visualmemente, ni mucho menos, emocionalmente.

 Y una visita que volví a realizar un par de veces más y a la que pienso reinicidir. Otra vez.

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