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Meterse en El Lado Oscuro de la Luna de Pink Floyd (1973), es como meterse en un cuento de Lewis Carroll con incrustaciones de Poe, mientras te susurran gemas en forma de acordes y melodías.

Mágico, tenebroso, cerebral, musicalmente cuasi insuperable, corrosivamente lírico y climático hasta la emoción, su lado A terminaba -en la Era Long Play/Cassette- con una canción tan inquietante como calma -pero chicha- y tan bella como desequilibrante.

Escuchar pudiendo apreciar The Great Gig in The Sky (traducida como El Gran Baile En El Cielo), y sobre todo, al venir de las deliciosas nalgadas sonoras que van dando los Floyd durante ese Lado A, puede hasta cambiar tu manera de “oír” la música… Epa! ¿Sí?

Y…sí. Claramente no es una canción circa 2019, un modelo para la Era donde el rango dinámico de sonidos importa poco y nada.

The Great Gig es, REALMENTE, para siempre, si soy capaz de hacerme entender sin profundizar….

Compuesta por el tecladista Rick Wright, alabada por Roger Waters hasta el cansancio, un nombre comenzó a aparecer al lado del de Rick compositor desde el año 2005, en las sucesivas re-ediciones del disco: el de Clare Torry.

Clare era en ese momento una cantante sesionista que fue llevada por el ingeniero de sonido Alan Parsons -sí, ESE Alan Parsons- a Abbey Road a ponerle voces a la lúgubre, casi religiosa composición conducida con el piano de Wright.

¿Voces? Sí. Pero no palabras.

Al suponer que los Floyd querían que su garganta fuera un instrumento más, la blanca Clare, con su voz más cercana a Aretha que a Barbra, improvisó sin darle una sola palabra explícita a la canción, simplemente (“simplemente” dijo él) susurrando y desgañitando, sonidos que te dejan sin aliento.

Del susurro al alarido al susurro.

Tras la grabación de unas pocas tomas, (dicen que tras 2 takes soberbias, David Gilmour pidió una más, pero Torry sentía que se estaba repitiendo y se detuvo a la mitad de la 3ra), la buena de Clare salió de la sala de grabación avergonzada por creer que su performance había sido una de las fallidas.

Pero los testigos estaban, al igual que la canción: sin palabras. Incrédulos.

La mitología llegó a enseñarnos que “la-cantante-del-gran-baile-en-el-cielo-del-lado-oscuro”, murió tras grabarla, o que la canción es una metáfora sonora que va desde la concepción al parto, …pero nada de eso…

El primer minuto del tema te prepara, muy abajo, y pasaditos unos segundos, el golpe de batería de Nick Mason y la entrada del resto de la banda, te avisan que la cosa iba en serio, y que no te duermas que ésto no es una canción de cuna.

El track, que (en los CD) da paso a Money, pagó muy bien en el disco. Y también a su cantante, que de las 30 libras esterlinas que cobró por la sesión, terminó ganando el juicio por co-participación en la autoría, de tan importante que fue su aporte a The Great Gig.

Y perdonen que me ponga pesado, pero no es disco, ni canción, para escuchar por primera vez mientras tu suegra te pide prestado el auto. Date tu momento y después de masticado, sí.

Incluso, prestáselo, total ¿que importa lo material si el espíritu te paga de esta manera…?

Como siempre digo ante algunos pocos discos en la historia: siento una sana envidia por aquel pibe verdaderamente melómano que todavía está por descubrir un álbum así.

O una canción así, dado el caso.

Marcelo Lamela

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